Existe una tendencia entre muchos divulgadores científicos en remarcar los malentendidos en la física cuántica. El hecho de que los objetos de estudio de la mecánica cuántica sean electrones, núcleos, átomos, implica que ciertas palabras tales como “ver”, “medir”, “estado”, adquieran otra significación. Los malentendidos de la cuántica no provienen necesariamente de la dificultad o complejidad de la teoría misma, existen teorías mucho más complejas que no generan el nivel de debate y la variedad de interpretaciones existentes, desde sus comienzos hasta hoy. La dificultad para expresar las ideas de la mecánica cuántica con palabras se entiende entonces como inherente a la materia misma de estudio.
Pensemos entonces en la palabra “ver”. Si algo es muy chiquito que no lo podemos ver, entonces podemos usar una lupa y acercarla al objeto. Si una lupa no alcanza podemos conseguir un microscopio y si ese microscopio todavía resulta insuficiente, podemos buscar alguno de mayor potencia. Ocurre que a partir de cierto tamaño lo que usualmente entendemos por “ver” adquiere otro significado. Desde la física, se entiende el hecho de “ver” como una interacción entre la luz y la materia. Esto es, los fotones, portadores de la señal lumínica, inciden sobre nuestros ojos y así como la luz oscurece un papel fotográfico, el fotón hace lo mismo de manera reversible sobre ciertos órganos que transmiten, mediante impulsos eléctricos, la señal al cerebro. Entonces “vemos”. Pero sucede que a ciertas distancias, la idea de ver carece de sentido. Esa pérdida de sentido le da lugar a algunas paradojas, que si fueran planteadas en un lenguaje diferente, más acorde y desprovisto de imágenes, no existirían. O al menos no tanto.
(Sigue…)
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