miércoles, 22 de diciembre de 2010

Si no es Ciencia, que sea ciencita


A la Ciencia con mayúsculas adhieren todos. Es la más encumbrada, la de Leloir, Houssay, Milstein en el plano criollo; la de Newton, Einstein, Maxwell, la de Feynmann, Bohm, Prygogine, la de Hawking y Penrose.
Pero si no nos importan las mayúsculas, damos un paso adelante. Adelante en nuestra realidad, que no debería ser obsecuente con los cánones desde afuera establecidos.
En alguna aldea, en algún poblado todavía recuerdan  a nuestros antepasados, que descubrieron cómo hacer fuego frotando palitos. A ellos los celebran matando un chivo, haciendo un buen fuego y bailando hasta el amanecer. No conocen a James Joule que dijo justito cuánto de eso de frotar palitos hacía falta para que prendan las primeras brasas.
En la formación académica en ciencias, hoy en día, no se tiene en cuenta la historia. La curiosidad, el aprender de la experiencia, la observación, o sea el "método científico", aparecen como algo nuevo. 
La paradoja más triste, dentro de la "Academia", que anula la creatividad y forma monos que teclean papers sin preguntarse por qué lo hacen, reside quizás en delimitar qué ES y qué NO ES "ciencia".
Se puede pensar entonces en una ciencita, algo más humano, acorde con nuestra realidad. Se puede conocer mejor la naturaleza "atando con alambre" algunas cuestiones que en el plano formal no son prolijas.
Podemos poner en el mismo plano al ingeniero en materiales y al que sabe hacer hornos de barro. Quitarle las mayúsculas a los títulos, o mejor dicho, entender que "Lic.", " Ing." o "Dr." no le suman al nombre sino que le restan.
Pasar de la clase magistral al aprender en el hacer, potencia todo lo que desde el descubrimiento del fuego, fuimos aprendiendo de manera colectiva y solidaria. Sin necesidad de denostar los errores o equivocaciones, que son el comienzo para empezar a aprender.
Por ahí más adelante podamos entender que la Academia actual no fue sino algo similar a las religiones, que en tanto instrumentos del poder para sostenerse a sí mismo, no hizo más que esclavizar unas cuantas mentes, despojándolas  de lo más valioso a lo que podemos aspirar: la libertad. 

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