domingo, 14 de noviembre de 2010

Repique Vs. Stradivarius

Una cosa que se me ocurrió una vez era que me imaginaba la situación de oír a un percusionista en una esquina, tocando con palos y latas, pero tocando bien. Haciendo una buena sucesión de golpes y silencios, encontrando el ritmo, el que llevamos dentro, que no es una metáfora, sino que tiene que ver con los latidos del corazón y con la velocidad con la que sentimos y percibimos. También puede ser una metáfora, claro.
En la esquina opuesta, cruzando las dos calles, el violinista más porongudo del mundo ejecutando la mejor de las sinfonías de todos los tiempos.
Pensaba que frente al violinista habría 6, 7, 8 personas, mientras que alrededor del percusionista, que si es negro es mejor, bailaría una multitud, se amucharían cantidad de chicas jipis, gorditas con ritmo, hermosas como solo ellas. Un éxito total. Una ocurrencia sí, pero para los que vivimos en la ciudad de La Plata, tiene algún asidero.


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