Esto es sencillo. Un matambrito de cerdo bien sellado (dorado apenas unos minutos de cada lado) y terminado de asar a fuego lento doblado al medio con unas hierbas del fondo de casa: laurel, oregano y romero. Si no son esas hierbas pueden ser otras a gusto de cada uno. Un clásico sería por ejemplo mandarle provenzal (ajo y perejil) y limón.
También queda buena la mezcla de puerro con panceta ahumada. Una opción interesante sería mandarle unos hongos, habría que ver. Lo que sí es indispensable es que el fuego abajo de la parrilla no esté muy fuerte porque sino se seca. Conviene mejor esperar un rato aunque los comensales empiecen a presionar que sacarlo rápido y arriesgarse a que quedé crudo, con lo cual el "aplauso para el asador" quedaría reducido a un vulgar formalismo, una pantomima de elogio, un sinsentido, apenas una limosna.

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