de Rossi Alejo, el Viernes, 22 de octubre de 2010 a las 21:14
Cuando tenia dos o tres años me despertaba antes que mi mama y mi papa y me iba corriendo desde mi habitación pasando luego por la de ellos, para finalmente recorrer una galeria que terminaba en la puerta de la habitación de mis abuelos.
Entraba en la habitación y me quedaba con mi abuelo, “Pinche” le decían. Yo lo adoraba y el a mi también. Mi papá me dijo que por ser él, el menor de sus hijos y yo ser el “primer nieto del menor de la familia” había un afecto especial, aparte de que viviamos en la misma casa.
Para esa época, mi abuela estaba enferma. Tenía alzheimer creo, no reconocia a nadie y se comportaba como una niña. A mi me parecia que algo le pasaba.
Algunos años después mi papá me contó que ellos en realidad no estaban dormidos y que sabían que yo me escapaba para ir con mi abuelo. Ellos dejaban que asi ocurriera.
Sabían que no había nada de malo en dejarse “malcriar” por el abuelo. Y el abuelo agradecido.
Debe ser que por todo ese amor que intercambiabamos con “el abuelo Pinche” que me acuerdo de una escena un poco triste, que en su momento fue un hecho incomprensible para mi. Teníamos el camión de mudanzas en la puerta, porque nos íbamos de San Antonio a Mar del Plata. Yo estaba ahí, en la vereda y vi que a mi abuelo se le caían las lagrimas de los ojos, sin llorar, serio. Y yo le pregunté qué le pasaba. No me acuerdo que me respondió. No entendía que ocurría, no me daba cuenta de esa tristeza, tenía 5 años.
Creo que también ese par de vacaciones de invierno y de verano en las que iba a san Antonio, eran mas deseadas por el hecho de querer ver al abuelo Pinche. Y por todo eso que conté paso que luego de su muerte, en mi casa apenas se lo mencionaba y se venian las lagrimas con todo. Tengo la imagen de mi mamá entrando a la habitación en la que dormíamos con mis hermanos, dos o tres años después de mudarnos a Mardel, con los ojos llorosos, diciendo que habia pasado “algo muy triste, murió el abuelo Pinche”. Que bajón, la puta madre!
Hasta que cumplí 17 o 18 años mas o menos no pude pero luego comencé a recordarlo con alegría. Con la alegría de haber tenido el regalo de conocerlo y de compartir tantos momentos lindos. Y sigue siendo así.
Ahora que lo pienso, fue en esa epoca, cerca de los 20 años, que dejé de creer en dios y empecé a hacerme ateo. Lo último que me ató a la religión del sufrimiento fue la simpática idea de reencontrarme con mi abuelo en el paraíso. Durante mucho tiempo me sirvió esa idea, pero el empezar a recordarlo con una sonrisa me hizo aceptar una versión mas humana de la vida, que para mi no es eterna y transcurre en la Tierra. Se es un poco más libre así, me parece. Veremos qué pasa más adelante.
1 comentario:
que tipo grosso que sos alejo!!me emocionaste,,ABRAZO
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